La primera vez que instalé WordPress no sabía qué era un shortcode. Tres años después he reescrito la web entera para no tener que usarlos. Esto es lo que aprendí por el camino.
WordPress tiene una virtud enorme y un defecto que va con ella: cualquiera puede publicar sin saber programar, y por eso mismo es fácil acabar con una web que funciona pero que nadie sabe cómo está hecha por dentro.
La etapa del constructor visual
Empecé con Divi, como casi todo el mundo: arrastras un módulo, cambias el color, publicas. En dos tardes tenía una portada con hero, tres columnas y un pie de página. Parecía magia.
El problema llegó al tercer mes. Quise cambiar el texto de un botón y no lo encontraba. Abrí el editor de código y me encontré esto:
[et_pb_section fb_built=»1″ _builder_version=»4.14.7″][et_pb_row][et_pb_column type=»4_4″][et_pb_text _builder_version=»4.14.7″]Hola[/et_pb_text][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]
Un párrafo que dice «Hola» ocupaba una línea entera de etiquetas. Toda la página era eso, multiplicado por cincuenta. El contenido ya no estaba en la web: estaba dentro del constructor. Si algún día ese plugin dejaba de existir, la web se quedaba en hueso.
Lo que aprendí al reescribir
- El contenido debe poder leerse. Si el HTML de una página no se entiende a simple vista, el problema no es mío: es del formato.
- Menos plugins, menos averías. Cada plugin es una actualización pendiente y un posible conflicto. La versión nueva de esta web no lleva TablePress (las tablas son HTML normal) ni constructor de páginas.
- El peso se nota. La portada antigua cargaba casi 220 KB de HTML y decenas de archivos. La nueva carga una sola hoja de estilos propia y unas imágenes en WebP de menos de 100 KB.
- Los datos personales son un compromiso. Si pides un nombre y una habitación, tienes que explicar para qué, cuánto tiempo lo guardas y cómo se borra. Eso ahora está escrito en la política de privacidad y no es relleno.
Qué queda por hacer
Queda lo importante: que la web sirva de verdad. Que quien viva aquí pueda apuntarse a comer desde el móvil en veinte segundos, y que la cocina vea el listado sin tener que llamar a nadie. Todo lo demás —los colores, las fotos, el menú del pie— es decorado.
